Tratamiento y prevención

Hasta que cumpla seis meses hay que evitar exponer el bebé al sol. Los pediatras desaconsejan incluso el primer año como límite de exposición en lugares de sol muy directo. En todo caso, la estancia debe hacerse poco a poco, siempre a la sombra y evitando las horas de máxima radiación. Además, no hay que olvidar ofrecer agua de forma frecuente al bebé.

 

Protección solar - Tratamiento y prevención

 

Horas del día

Hay que evitar las horas del día en que los rayos son más fuertes. Entre las 10.00 y las 16.00 horas el Sol alcanza su cenit en el cielo, es decir, está más alto, por lo que sus rayos inciden más perpendicularmente sobre la Tierra y, por tanto, con más fuerza. Un bebé no debería estar al sol en esa franja horaria. Muchas lesiones ocasionadas por éste ocurren a causa de la exposición fortuita durante actividades cotidianas en las que bajamos la guardia.


Los rayos UV atraviesan las nubes y se reflejan en la arena, el agua o el cemento incluso en días nublados, frescos o encapotados. Ni las nubes ni la contaminación de las grandes ciudades filtran estos rayos, lo cual proporciona una falsa sensación de protección. En un día fresco, el bebé tampoco acusará el calor que le llevaría a avisar de que está molesto.

 

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Ropa

Incluso si el niño va a estar a la sombra, la mejor forma de proteger a un bebé del sol es cubrirle la piel con prendas de ropa que no dejen pasar los rayos UV. Se puede comprobar ese punto colocando la mano dentro de la prenda para constatar que no se ve a través del tejido.


Es recomendable vestir al bebé con ropa fina y de algodón: una camiseta que le cubra los brazos; un sombrero con una visera amplia, ya que la cabeza y la cara son sus partes más vulnerables; un pantalón de algodón y un pañal de piscina. La sombrilla es indispensable, y aun así, sólo proporciona factor de protección 15. En días nublados, aunque no se vea el sol, el 90% de la radiación traspasa las nubes.

Protectores solares

Siempre se ha considerado que no debe aplicarse crema de protección solar a los bebés menores de seis meses. No obstante, algunos pediatras y dermatólogos aceptan ahora que se empleen pequeñas cantidades para proteger la cara, las manos y los pies, las partes no cubiertas por la ropa.


Hay muchos tipos de cremas o lociones de protección solar de uso infantil, para pieles sensibles, con olores atractivos, resistentes al agua y al sudor, en aerosol… Lo que importa es que no contengan elementos químicos nocivos o irritantes y, sobre todo, que tengan como mínimo un grado de protección 50.


Es recomendable elegir un producto de los denominados de “amplio espectro”, que protegen contra los rayos UVA y UVB. Hay que evitar los que tengan PABA, que puede producir una reacción alérgica de la piel. Los productos que contienen como ingrediente activo el dióxido de titanio, no tienen componentes químicos. En todo caso, lo mejor es consultar al pediatra.


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Los ojos

Frente al sol, también se deben proteger los ojos de un bebé. La exposición solar de un solo día puede ocasionar la quemadura de la córnea, la membrana más externa y transparente que recubre el ojo. A la larga, la exposición acumulada puede generar cataratas. Las gafas de sol son la mejor protección.


Hay que tener en cuenta que no todas las gafas de sol proporcionan la misma protección contra los rayos UV. Las gafas de plástico o cristal oscurecidas sin filtros especiales UV no ofrecen la protección adecuada. Se deben emplear gafas que proporcionen una protección UV del 100%, lo cual suele indicarse en una etiqueta o puede saberlo un farmacéutico.

 

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